Fotografía: Manuel Guerrero

 

Manuel Guerrero Cabrera  (Lucena, Córdoba, 1980)

 

Es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Córdoba y trabaja como profesor de Lengua y Literatura en la función pública docente. Pertenece a la Sociedad Española de Literatura General y Comparada, a la Asociación Universitaria de Estudios de las Mujeres, al Instituto Ouróboros y a la Asociación Cultural Naufragio, de la que es socio fundador y miembro de su ejecutiva. También forma parte del grupo de investigación “Escritoras y escrituras” (HUM - 753) de la Universidad de Sevilla y del Consejo de Redacción de las revistas Saigón (Lucena-Cabra) e Isagogé (Córdoba). Entre sus publicaciones, destacan las referidas a los estudios y artículos de investigación, siendo autor del volumen Estudios críticos de Literatura del Siglo de Oro (Juan de Mairena y de Libros, 2008), así como de diversos artículos en revistas de ámbito internacional (1616, Angélica, Revista de literatura), nacional (Isagogé), andaluz (Saigón), provincial y local (Campanitas, El espejo, entre otras); además de las digitales Noseolvida, Revista digital y Mundo educativo. De igual modo, encontramos trabajos de su autoría en Escritoras y pensadoras europeas (Arcibel, 2006), Bohemios, raros y olvidados (Diputación de Córdoba, 2006) y Feminismos e Interculturalidad (Arcibel, 2008). Además, es autor de diversos poemas, que ha publicado en distintas revistas andaluzas, como Ágora. Revista de literatura (Sevilla), Aldaba (Sevilla), Angélica, Revista de literatura (Lucena) y Saigón (Lucena-Cabra), entre otras. Algunos poemas pueden leerse en internet: (http://lasafinidadeselectivas.blogspot.com). En este medio, Internet, administra el foro de la revista Saigón (http://paralalibertad.mforos.com) y modera las secciones de literatura y cine de una comunidad de tango (http://tangueros.mforos.com).




 

LA LLAMA
 
Sacudieron las ramas todo el oro fulgente,
como un viento, un tornado, que apareció preciso
y convirtió tu pelo en deseo esplendente,
como mi mano quiso.
 
Al roce de tu piel, mis labios comprendieron
que hay seda comestible, que alimenta tu vello.
En tu seda, mis labios densos se entretuvieron
con tu férvido cuello.
 
Hambre, sed y deseo aumentan por tu aroma,
tus pechos locos crecen de lengua, labio y diente,
como cierva que gime, cuyo dolor desploma
sobre mi cuerpo urgente.
 
De tu amoroso vientre, espejo cristalino
del huracán, la seda y mi deseo humanos,
surgieron nuestros besos, como pulso divino
de los cuerpos ufanos.
 
Al final, en el fondo, en los mismos costados,
una llama de amor, la que unió nuestros huesos,
se aviva tiernamente, en los cuerpos gastados
de enamorados besos.
 

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